La ficción mata carita (parte 2)

Regresé temprano a casa con el número telefónico apuntado en una servilleta. “Se llama Eva, este es su cel, no la vayás a cagar”, me escribió mi cuate. Eran a penas las 8 de la noche. La quería llamar lo antes posible porque las ansias me estaban produciendo dolor de estómago. No estoy acostumbrado a hacer este tipo de llamadas. ¿Qué le iba a decir? ¿Cómo la iba a invitar a salir de la nada?
Mi celular sonó, era un número desconocido. Contesté, pensé me daría tiempo para pensar algo. “Hola, soy Eva”, me dijo una mujer con voz grave. No solo quedé sin aire, sentí un escalofrío como no tenía en años. “Me dieron tu número. Nuestro amigo tenía miedo que no me fueras a llamar. Estás súper recomendado niño”, confesó. ¿Qué tanto le habrá dicho aquel? ¿Por qué me dice "niño"? Mejor ni lo quise saber.
Fue muy directa desde el principio. “Estoy en un café cerca de mi trabajo, me quedé en juntar con una amiga, pero canceló. Así que si no tienes planes ahora puedes venir a acompañarme”, fue la invitación. “Dame la dirección, voy enseguida”, fue mi respuesta.
Llegué al lugar, pequeño y acogedor. No miraba a ninguna mujer sentada sola y me enfadé al darme cuenta que no le había preguntado sus características. No sabía a quien buscar y el café estaba lleno. Di unas vueltas buscando a una señorita sentada a solas. No la encontré. Mi saldo de celular había caducado. Rápido caí en la cuenta “ese hijo de la gran puta, me hizo una broma, muy a su estilo. Maldito… que cagada se dio en mí”. Me resigné, escogí una silla y le pedí al mesero una cerveza. Que estúpido fui, no era la primera vez que caía en algo así.
En esos momentos se me vino a la mente mi ex novia, quien prometió 7 meses atrás que me devolvería una llamada, esa para responderme si decidía quererme o dejarme por completo. Si estuviéramos juntos, yo no pasaría estos problemas. Traspiraba frustración. No era la manera en la que imaginaba pasar mi viernes por la noche. La cerveza llegó. Me la entregó una mujer, alta, blanca, delgada, de pelo corto y muy sonriente. “Gracias señorita”, le dije. “Que seriedad niño”, respondió una voz grave con una fuerte risa. Era ella. Era Eva. Era guapísima.
(Continuará).
Comentarios
Saludos y buen fin.
El relato está chilero... es real, ficción???
Será esta Eva la que te haga Adán, y después de comer la manzana ???
Saludos, feliz fin de semana... y a la otra lleva alero (invitame a chelear será) para burlar todo posible plantón... ahhh, q amistades las tuyas. Quién les hizo el conecte, el vigilante acaso???
Sinceramente la estas haciendo muy bien con ese tipo de historias. Buena onda... me distrae un montón. Gracias por ello.
Le Socialité
Saludos!
Ya quiero leer la tercera parte!!!!...
guefs
Muy bueno el escrito, esperaré con ansias la tercera, cuarta ooo cuantas partes tenga el relato :)
Saludos!