"¿Este tu fierro tiene seguro?"

“Me tiene nervioso ese cabrón, apuntándonos con esa su mierda”, le dije a mi amigo. Ambos giramos la vista hacia la puerta del restaurante. “Ya ni hartar tranquilo puede uno. ¿Cuántos años le calculás a ese chato?”, me preguntó. Soy el peor para calcular edades, pero de 17 años no pasaba. “A estos agentes de seguridad uno les habla y no agarran vuelo vos, vieras los problemas que he tenido con ellos en otros lugares, son demasiado abusivos”, le comenté.
“Trabajé con una empresa de seguridad, y a estos chatíos cuando bajan de la montaña, antes de darles comida y enseñarles castellano, les ponen uniforme y les prensan el arma, y los mandan a cuidarnos”, exclamó alejando un poco su plato de carne asada. Mientras el agente de seguridad, con poco más de un metro de altura, seguía de pie en la puerta viendo hacia la calle, pero con la escopeta inclinada y apuntándola a nosotros.
“No quiero salir en Nuestro Diario mañana vos, y que mis sesos sean la ilustración del titular Se le salió un plomazo”, dije más asustado que al principio. “Va, comamos rápido y nos echamos el cafecito donde la vez pasada, ahí el guardia carga una arma más grande, pero tiene cara que sí sabe usarla”, me respondió.
Terminamos en cinco minutos y salimos, pero antes de enfilarnos a tomar café, mi amigo se le acercó al guardia. “Chato, de casualidad, ¿este tu fierro tiene seguro para no dispararse por error?”, le preguntó. El pequeño escolta permaneció en silencio y colocó su dedo índice en el gatillo. “Olvidalo chato, feliz tarde”, le dijo mi compañero y nos retiramos a paso veloz. El café americano de esa tarde estuvo extraño, como con sabor a pólvora.
Comentarios
CRAP!
jorgecab: eso es, la batalla de fuego contra fuego, terminará quemando a alguien en algún punto. Gracias por tu visita.
Issa: Así es el sistema, la pura pantalla y la utilización del miedo. Abrazote Issa.