Preciosa pelirroja amargada

Me dirigí a Luci and Ethels. Sería mi primer desayuno de verdad en más de un mes. Me senté y me atendió una mesera que no conocía, una chava tan blanca como un fantasma, con el pelo rojizo igual que su pintura labial, ojos celestes y maquillados de negro, y con lentes. Me conquistó de entrada.
Estaban un señor afro americano, llamado Jerry, y un chavo que era como el mil usos de un hotel, tomando café y haciendo bromas sobre las noticias del periódico y el Auto Show de Detroit, celebrado a solamente unas cuadras del lugar. Por cierto, muy buenos chistes. “Así que con esto de los carros eléctricos, podré llamar a mi jefe y decirle que no llegaré a trabajar porque olvidé cargar mi carro, así como lo hago con mi celular”, dijo Jerry. Todos reímos, menos ella. “Vamos, si estos chistes los hacemos siempre para hacerte sonreir”, le dijeron a la mesera.
“No se esfuercen mucho”, contestó ella, seria, con una voz grave, ronca, atractiva.
Me dediqué a desayunar mis huevos revueltos con pan tostado, reirme de las ocurrencias y ver a la mesera cuasi gótica de reojo. Ya casi terminaba mi comida cuando me preguntó Jerry “¿y tú qué haces aquí en Detroit, eres residente nuevo?”. Le respondí que estaba cubriendo un evento, que era de Guatemala y platicamos un poco. Entre la conversación, relaté cómo unos días atrás, al instante de salir del aeropuerto de Detroit, no me contuve y agarré un puño de nieve con mi mano, y minutos después la tenía congelada y me dolía mucho.
Ella sonrió, me volteó a ver y dijo “pobre cosa, qué adorable”. Está bien, pensé la estupidez puede ser adorable en ocasiones, utilicémoslo a mi favor por esta ocasión. Así comencé a hablar sobre mis experiencias con la nieve y el frío. Ella se interesó.
Se acercó a mí y comenzamos a platicar. Yo le contaba sobre mi vida y ella la suya. Tan diferentes una de la otra. Ella tenía tres trabajos diferentes, vivía sola porque había peleado con su madre, quería volver a la universidad a mediados de año pero no sabía qué estudiar, su voz ronca era seguramente por fumar tanto y su pelo rojo se lo acababa de pintar para año nuevo. Por eso brillaba maravillosamente. No tenía Facebook, carecía de blog u otra red social interactiva. “Suficiente con mis problemas reales para buscarme virtuales”, comentó. Cada vez que hablaba y se inclinaba a mí, yo aprovechaba a verle sus ojos, estudiar sus pestañas, sus cejas, los labios. Celebraba su piel tan pálida como la nieve que cubría las aceras esa mañana.
Pero de golpe, ella se alejó, tomó mi recibo y me dio la cuenta. Yo ni la había pedido. Pues, pagué y me despedí de todos. Le dije adiós, ella sin voltearme a ver me deseó una buena estadía. De acuerdo, decidí no esforzarme mucho. Antes de salir, Jerry me vio y dijo “buen trabajo muchacho, sacaste una sonrisa de la amargura”. Acepté ese premio de consolación.
Seguí llegando al lugar, pero no la encontré. Eso sí, sin preguntarlo, alguien me dijo su nombre. Miranda, así se llama esa preciosa pelirroja amargada, a quien esa mañana de propina le dejé 1 dólar, 2 suspiros y más de 3 pensamientos bien sucios.
Comentarios
eso me encantó.
Porque las pelirrojas suelen tener fama de "frias"?? y hasta amargadas!!
que tengas buena estancia y muchas anécdotas mas para compartir!
Con cariño
Diana
El Aguafiestas está marcando presencia.. yeah !!!!
Dos cosas me gustaron mucho...
Ella sonrió, me volteó a ver y dijo “pobre cosa, qué adorable”. (una más para tu club de fans, me dije.. jejee)
Y la otra, fue el magistral cierre, eso de la propina y los pensamientos bien shucos.
Eso !!!!
Gabriel: Gracias vos. Ahora ya te entiendo. Gracias por comentar.
LA GUERA RODRIGUEZ: Gracias. Ya tuve mi buena estacia. Ese mito de las pelirrojas, yo no sé por qué. Es la primera que conozco.
ROBERTOGT: No la volví a ver mano, por eso la recuerdo tan bien.
Gracias.
LuisRO: Qué otra pista quería??? Vieras qué raro hablar con alguien quien es tan diferente a uno. Es atractivo.
el Kontra. Jaja, pues dejé tal vez el pegamento, y no la estampa.
Gretel: Pues no se si es la primera vez que la lástima me hace atractivo, pero es la primera ocasión en que me doy cuenta. Gracias.
Verde: Gracias mano, qué bien que le agarraste la onda.
Prado: Dejame decirte que un dólar, para mí, era un chingo. Y creo que ni se dio cuenta que se lo dejé ahí en la barra. Gracias mano.
te dejo un saludo...
JM: gracias chula. Ya vas viendo mi perfil de gustos... fatal, va.