lunes, 12 de marzo de 2012

Un corazón de &Cafe


Una de esas noches solitarias del 2008, salí del cine y decidí comprarme un café para evitar dormirme sobre el timón camino a casa. Lo pedí en &Café. Me atendió una de esas chicas de ese establecimiento, amable, sonriente, seca y escurrida estilo tabla de surf, y sí, con chapulines. Me preguntó mi nombre y qué andaba haciendo por ahí. Esta gente tan preocupada por la charla ligera y que el cliente no se aburra, pensé. Me entregó mi vaso con una servilleta y sonrió.

Antes de arrancar el carro le di un sorbo y noté mi nombre escrito en la servilleta, con marcador pastel. No era todo, a mi nombre “DAVID” le seguía un corazón, muy bien dibujado y color rosa. ¿Qué jodidos había sucedido? Esa delgada señorita con gorra y delantal de &Café me había dibujado un corazón en mi servilleta.

Pasé todo el camino a casa pensando en la servilleta y tratando de recordar cada instante de ese encuentro. Analicé si me había lanzado un mensaje, si era mi turno para dar el siguiente movimiento, si le tenía que hablar otra vez, mencionarle lo del corazón en la servilleta o hacerme el sin importancia, si la tenía que invitar a salir o pedirle antes su número de teléfono (en ese tiempo el Facebook no era tan popular).

Antes de dormirme meditaba si había sido mi estilo de vestir el que había llamado la atención, o mi tono de voz, o mi breve comentario que me habría gustado un acompañante en el cine. Qué me habría visto de atractivo si en esos días yo era un desastre, o tal vez le atraía lo oscuro y mísero, hay chavas así, conozco más de un par. Podría contarle acerca de mis antidepresivos naturales para verme como un tipo complejo e interesante. No todo eran dudas, también imaginé que podría obtener café gratis.

Al siguiente día mientras manejaba al trabajo imaginé lo peor, que todo era una burla orquestada por el demonio mismo, que segundos después de entregarme el café ella carcajeaba con sus amigos de la gorra y delantal oscuros. “Pobre imbécil, creyó haberse conectado a una barista”, dirían los patojos. Acepto sería una genial broma.

Decidí esperar al fin de semana por los consejos de un gran amigo. Es fan de Bunbury, así que esperaba sabiduría de su ser. Pedimos un café, ¿en dónde más? En el &Café, pero de otro mall. Segundos antes de narrarle mi aventura, noté sobre su vaso una servilleta con su nombre y unas estrellas color gris brillante a su alrededor. Vio mi cara de asombro, como si estuviera viendo a un fantasma. “Así les sirven a todos acá, como para alegrarles su amarga vida”, me dijo, mientras yo recibía mi latté junto a una servilleta con mi nombre y una carita feliz.

5 comentarios:

Leon Aguilera Radford dijo...

El que está seco y escurrido soy yo Lepe. Podrás creer que no me había fijado en los diseños, solo en que escriben el nombre. Muy buena experiencia.

AlbertoCBC dijo...

jajajajaja.

No temas, que yo le habría dado vueltas a la cabeza a lo mismo.... es que un corazon, no es lo mismo que una estrella (como a aquel amigo tuyo) y nunca me dieron uno.

David Lepe dijo...

Leon: No sé si sigan dibujando, pero antes eran más creativos en eso. Gracias por el comentario, saludos.

AlbertoCBC: A veces a uno le urgen atenciones del sexo opuesto o cualquier cosa que te sacuda y emocione. Y en ese tiempo estaba muy solo. Gracias y saludos.

Issa dijo...

wajajja vos Lepe! tan tierno, hoy si me mataste de la risa, puro el guiro que se emociona por nada :( a mi me pasa seguido aún!

Abrazo!

David Lepe dijo...

Issa: Así nos pasa a todos. Gracias por pasar por acá. Saludos.