Un regreso añejado

El cineasta sueco Ingmar Bergman dijo acerca de la vejez “envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”.
Mis familiares y amigos de 50 años de edad para arriba me dicen que yo actualmente a mis 35 años estoy en la plena flor de la juventud. Mucha emoción y apoyo en esas palabras, pero cada día que pasa se siente todo lo contrario.
La idea de ver cada vez más lejos a la juventud la marcó mi regreso a la universidad este año, en un intento desesperado por cerrar uno de los círculos más fatídicos de mi vida: la carrera. Es fácil decir que me siento viejo cuando llego a la universidad y las chavitas con tacones más grandes que su cabeza suben más rápido las gradas que yo, y jadean menos al final. O que en mi clase nadie me gana en conteo de canas, y que en realidad casi les doblo en edad a varios, o que con algunos actuales catedráticos nos dimos copia en clases hace 15 años. Pero quitando lo obvio, comparto 5 razones por las que me siento cada vez más avejentado cuando llego a la universidad en estos días.
5. Me siento hasta adelante. No lo hago por querer ser nerd, la razón es que ya no escucho ni leo bien de lejos.
4. Veo a la grama recién cortada invitándome a recostar mis nalgas en ella y fumarme cualquier cosa como lo hacía en mi época post-grunge, pero lo único que se me antoja es una silla decente y un café caliente, no de esas basuras frapés.
3. Durante el receso, en vez de que se me venga a la mente la frase “qué montón de gente”, pienso “ah, ishtal infeliz”.
2. Escucho a algunos estudiantes jóvenes hablando muladas y pienso “yo era así, puta, qué vergüenza”.
1. Y cuando me encontraba sentado, descansando tranquilo en una banca, dos patojas de primer ingreso se me acercaron con su voz chillona “disculpe SEÑOR, ¿dónde queda Información?”.
Comentarios
Lo más difícil fue ubicar a los compañeros de clase dispuestos a sacar las tareas en grupo y sacudirse a los pelex.
Lo otro desagradable que viví fue el ambiente en el aula. El 90% del comportamiento estaba vedado "en mis tiempos". Me desesperó el constante cuchicheo, las llamadas telefónicas adentro del salón, el ruidito de la mara textéandose en cuanto puto gadget tiene y lo huevona que puede llegar a ser gracias a la tecnología.
Pero se sobrevive, se puede; es lo que puedo dejar a manera de alentadora conclusión. Ánimo, aprovechá la experiencia de vida y volvete el viejo cool.
Prado: ¿Qué verán en uno cuando te dicen "viejo"? mejor ni lo pienso. No es que me afecte envejecer, pero a veces ni uno se aguanta. Abrazo amigo.
el VERDE: sí vos, no dejan en paz sus gadgets, qué jodedera. Pero ni modo, eso es la evolución dicen muchos. Lo tomaré con sentido del humor. Gracias manín.
Leon: Anécdota de oro acabás de compartir acá. Me mataste de la risa. Gracias vos. Saludos a Britney.
Ana Liz: los cumpleaños siempre son los mejores detonantes de este sentimiento. Gracias por leerme y un gran abrazo.
Nooo y luego me senté en una banca toda exhausta y a la par se sentaron dos viejitas y me dijeron: que frió hay hoy verdad? cómo si fuéramos de la misma edad!!! no lloré pero poquito me faltó.
Me lo prometí, no voy a volver a ir. Regrese toda deprimida y me dormí temprano :(