“Ya te conseguí que vayás a ver al Pitbull”

Llama desde su celular.
“Mija, ya te conseguí que vayás a ver al Pitbull, sí, tu papá te consiguió una entrada. Permitime”.
Levanta el teléfono de planta.
“Recepción, buen día. Sí, ahora lo comunico”.
Toma el celular.
“Pues sí, sí mija, dice tu papá que ya consiguió las dos entradas y él quiere ir contigo. Sí, él te quiere acompañar, quiere que vayan los dos. ¿Por qué no querés ir con él? Perame”.
Levanta el teléfono.
“Recepción. No, no se encuentra, salió. Hace unos cinco minutos. De nada”.
Toma el celular.
“Pues sí. Ay mija, pues no vas digo yo. Tanta gana que tenés de ver al Pitubull y ahora me decís esto. ¿Y qué querés que haga yo, si tu papá quiere ir con vos? Hablá con él entonces. No, yo no le voy a decir nada. Ese es tu problema. Esperame”.
Toma el teléfono.
“Recepción. Hasta la una se las recibo. Con gusto, de nada”.
Toma el celular.
“¿Entonces? Ya vas vos. ¿Y yo qué sé por qué quiere ir tu papá? ¿Y qué tiene de malo pues? Ay mija, decidite, qué jodés vos”.
Me ve y dice “siéntese allá joven, ya lo atenderán”. Y yo me voy preocupado a sentarme porque las sillas quedan lejos de Recepción y ¡quiero escuchar si al final va o no va con su papá a ver al Pitbull! Vaya dilema.
Comentarios
Podría ser la típica vergüenza que tiene uno de adolescente de ser visto con sus padres, aunque en mi corazón y como andamos en clima de segunda vuelta electoral cerca de la navidad y la virgen del rosario.. me gustaría pensar que la hija quiere evitar exponer a su padre a una dosis de mal gusto.... David Durán.
Saludos!!!!
Abrazo!!!