“La Grande Bellezza” - ¿Para qué sigo aquí?
Nunca he sido de las personas que visualizan su futuro. Lo he hecho en pocas ocasiones y en algunas he pegado en el blanco. A veces, el miedo te acuchilla los ojos y te ata las manos y los pies.
Al ver la película
italiana La Grande Bellezza, y conocer a Jep, el personaje
protagonista, no tuve la necesidad de invocar a poderes
extrasensoriales para saber que por ese camino puede desembocar mi
existencia, si es que me va más o menos bien.
Jep es un periodista
y escritor que vive en una Roma que bien podría ser Guatemala: una
ciudad amarga, vacía y descompuesta, que es una sombra de lo que
pudo haber sido. “No me interesa ser mundano, quiero ser el rey de
lo mundano”, dice el personaje mientras reflexiona que no puede
seguir malgastando su tiempo en hacer lo que no le gusta.
Al ver a sus amigos
hacer “el trencito” mientras bailan,
Jep dice: “me encantan nuestros trenes, porque al igual que Roma,
no van a ninguna parte”.
Seguramente llegará
el momento en que la pregunta en mi tren deje de ser “¿para
qué he venido?”, porque se habrá transformado en “¿para qué
sigo aquí?”. Para esa entonces, espero que el cinismo o el
cansancio sean dos medicinas que pueda utilizar para aliviar el
dolor. Mi deber es practicar.
Los
amigos de Jep son pocos, pero queridos. Los une la decadencia y el
convencimiento de que todo está perdido, así que es mejor tratar de
pasarla bien y sonreir uno al otro mientras el mundo sigue hundiéndose en la porquería. En eso ya estoy practicando.
Quisiera envejecer
con esos amigos que les interesan los sentimientos y con quienes nos maravillaremos de los detalles de las
bellezas pequeñas, porque dentro de unos años, las grandes ya
habrán desaparecido.
Solo nos quedarán
las memorias y la nostalgia, dos bestias que
patean duro en la soledad.
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