lunes, 23 de abril de 2012

La chica con aliento de dragón – Parte 3 y final


Julio sacó una moneda de veinticinco centavos y la tiramos. Cayó cara, significando que debíamos acompañar a esa señorita por unos minutos más. Probamos dos de tres con la moneda, y volvió a caer cara. ¿Podía ser más maldita esa noche?

A los pocos minutos ella se animó a caminar algunos pasos hasta llegar a un teléfono público. Yo carecía de monedas, así que usamos la de Julio, la de la suerte, para realizar la llamada. Ella marcó un número y nuevamente comenzó la murmurada. Le arrebaté el auricular y pregunté quién hablaba. “Soy Javier”, dijo una voz preocupada. Me presenté y le narré algo como que encontramos a una chava de pelo liso con mechón azul, playera de Testament, demasiado peda para hablar y le pedí llegara a recogerla.

Esperamos diez minutos para que se apareciera un Datsun rojo, descuidado, con música a todo volumen. Se bajó un tipo delgado, con el pelo rapado, traje de cuero y mostrando algunos tatuajes en los brazos. Vio a la chica, se le acercó y le dirigió una manada en el rostro, digna de un boxeador profesional. Creo que sonó "poch". El golpe aterrizó en su frente, dejándola en el suelo y más atarantada. Con Julio de inmediato levantamos los brazos en muestra de paz, pero en verdad temimos por nuestra vida.

El encuerado tomó a su presa del pelo y la arrojó al asiento del copiloto en el Datsun. Luego volteó su mirada demente hacia nosotros. Comenzamos a explicarle que no la conocíamos, que la encontramos en la camioneta, bla bla bla… él se limitó a examinarnos con sus ojos irritados. “A ustedes los he visto en los Attacks, y tu apellido el Lepe, sí pues, yo estudié con un Lepe, era un imbécil… saben qué, mejor préstenme 20 pesos para la gasolina, así me llevo a esta pisada”, nos dijo. Yo le di los últimos siete quetzales de mis bolsillos, Julio se declaró en quiebra muy valientemente.

Y mientras el carrito colorado desaparecía de nuestras vistas, la aventura de ese sábado por la noche terminaba. Me pregunté en voz alta si alguna vez la volveríamos a ver, a lo que mi amigo respondió “espero que sí, me debe veinticinco len”.

Tres semanas después, en otro Trash Attack organizado en una bodega abandonada, la volvimos a ver. Decidimos no acercarnos por miedo a que nos acusara de haberla emborrachado, drogado y golpeado aquella noche. A diez metros de distancia la observamos hablar con sus amigas, sonreir, gritar cuando sonaba alguna de Metallica, tomar cerveza, fumar cigarros de extraña procedencia y tomar unas misteriosas cápsulas anaranjadas.

4 comentarios:

DIANA dijo...

Hola David

Me agrado mucho esta serie de la Chica del aliento de dragón, realidad o ficción, pero bastante interesante y bien contado.

Saludos!

Diana

David Lepe dijo...

DIANA: Para serte sincero, la mayoría es verdad de a de veras, jaja, esos conciertos eran legendarios por decadentes. Saludos.

Gilmar Mutz dijo...

Buena esa tu historia, creeme que no dejo de tener curiosidad de que habra sido de esa chava.....me llega tu blog, neta que es lo mas familiar que he encontrado con el gusto que tengo por la musica...ah! por cierto, yo tenia un cuate, desde la infancia, que tambien creo que eramos como Beavis & Butt-head....jejejeje! solo que no tan Estupidos.....

David Lepe dijo...

Gilmar: Gracias por tu visita. Un gran saludos.