Navidad como en The Fabulous Baker Boys
En la película The Fabulous Baker Boys (1989), Jeff Bridges interpreta a un pianista quien junto a su hermano forman un dúo musical desde jóvenes, pero años después pasan de moda y terminan presentándose en bares o clubes nocturnos por migajas. El personaje de Bridges es un prodigio del piano, pero vive en un apartamento antiguo y descuidado. Pareciera que no le importa que el mundo se caiga a pedazos, ni el suyo.
Existe una escena en el filme en la que este personaje visita en la noche del 24 de diciembre (Christmass Eve dicen los gringos) a su perro a una veterinaria donde lo acababan de operar y pasaría Noche Buena. Eddy, el perro, es un labrador negro, viejo y enfermo. Como le prohíben entrar a verlo, lo saca del hospital a la fuerza y se lo lleva cargado a su apartamento.
En la sala oscura y solitaria de ese lugar lo espera una niña quien es su amiga, en lo que cabe de la palabra. Esta pequeña alma solitaria y desafiante por el aburrimiento llega al apartamento cuando su madre tiene alguna cita con un nuevo amante. Ella entra por la ventana, nunca por la puerta. Con Bridges platican como si fueran dos adultos, tristes, cansados, apagados.
La escena termina con ambos sentados en el sofá tomando un vaso de eggnog, él adereza el suyo con whisky. Y Eddy se la pasa acostado en el sillón adormilado por el aún activo efecto de la anestesia. No hay arbolitos de navidad, regalos, abrazos, besos o risas. Son solo tres almas dejando pasar Noche Buena, sin interponerse en su camino, como si se tratara de cualquier día. Lo logran sin mucho esfuerzo.
Escribo sobre esto porque hay Navidades en las que me siento como el personaje de Bridges. También algunas como la niña. Y otras, claro, como el chucho.
Feliz Navidad.
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Felíz Navidad!