Don Joaquín se persigna
Don Joaquín se persigna mientras camina, a cruz por paso. Cuando se acerca a las ventanas de los carros levanta su mano, mueve sus dedos y dice en voz muy baja “una ayudita”. Nunca lo he escuchado decir algo diferente, tal vez un “gracias” cuando recibe algo.
O aquella mañana asoleada cuando pinché llanta en esa esquina y se acercó para decirme, pues qué más, “una ayudita”. Le pedí fuera más considerado con mi mediana tragedia, cambiar llanta bajo el sol de medio día no es cómodo. Él se fue con su acostumbrada coreografía de frente, panza, izquierda y derecha. Luego me disculpé.
Lo conozco desde hace tres años. Compartió por unos meses el semáforo con una señora cargando a un bebé y unos niños payaso. Una vez, y fue la única, lo vi en otra calle. Caminaba al lado de una señora aparentemente normal y más joven que él. La seguía. Creo lo llevaba a su puesto.
El anciano parece descascararse, y no a paso lento. Ha bajado su ritmo, ahora alcanza solo un carro durante el rojo. Antes llegaba a dos o tres. Lo veo casi todas las semanas. En ocasiones le doy algo, en otras apuesto por el desdén. Verlo me hace pensar en cientos de cosas mientras perdura el ritmo de padre, hijo, espíritu santo y amén. Algo así como horizontal - vertical, horizontal - vertical, uno - dos, uno - dos.
Yo le digo Don Joaquín, la verdad no tengo ni idea de su nombre.
Comentarios
Yo tambien me di cuenta de su paso y me imaginé mas de alguna historia.
Lo fregado es q una vez lo vi desde la otra esquina contando puros billetes de a Q10 y Q20.
Abrazo!
Issa: tú lo has dicho, parece injusta, pero no sabemos el resto de la historia. Abrazo.
Nicaprio: gracias por la recomendación, la buscaré. Orale.
y luego.. te ven feo si no les das lo del chorrito de jabón o de los malabares.