Es increíble para mi generación, el vínculo existente entre el grupo de rock The Doors y su versión en la película The Doors (1991) de Oliver Stone. Percibimos pocas diferencias, si es que las hay, entre Jim Morrison y Val Kilmer. Pero entendamos que la película de Stone es un hermoso poema repleto de ácidos acerca de la leyenda de la agrupación, priorizando los ataques y viajes tóxicos de Morrison. Ahora se presenta el documental When you’re strange (2010), y resulta ser el antídoto perfecto para el mal mencionado.
Narrado por Johnny Depp, se basa en fechas, declaraciones oficiales y anécdotas de los cuatro integrantes; complementado con imágenes originales de conciertos y sesiones en estudio de la banda. Y la guinda que lo acompaña son fragmentos del filme de 1969 HWY: An American Pastoral, de Morrison, para muchos inédito.
When you’re strange destapa las muchas lecturas hacia la banda: odiados por los conservadores, amados por su público, confundidos por las autoridades, despreciados por la crítica y en cierto punto irrespetados por ellos mismos y la historia. Tomas de policías asustados repartiendo palizas a un público elevado, un Morrison temblando de tanta mezcla de estupefacientes en el estudio de grabación y la violencia que se vivía en Estados Unidos a causa de la guerra en Vietnam, son un ejemplo.
Así mismo, los relatos de la transformación del cantante a su alter ego Jimbo y la obvia manera en que los medios ignoraban a todos los músicos excepto a Morrison, son la otra cara de la moneda si tomamos en cuenta el éxito comercial del grupo en esos años y en la actualidad. En verdad, resulta una pieza de colección y digna de ser conocida como la verdadera historia de The Doors.
Sí, soy un hijo, un hermano, un amigo, un cinéfilo... pirata. Como todo gran romance, mi relación con la piratería comenzó con coqueteos, probaditas de lo prohibido y necesidad de placer. Los inicios fueron con la música y mi desempleo. Comprar un cd quemado al estilo "dos en uno" de los éxitos de Creedence, a un precio veinte veces menor que el original, fue el cachondeo perfecto.
Luego, en 2005 llegó Cupido, encarnado en el cuerpo de Doña Dividí. Así le llamamos a la señora quien nos contactó a toda una oficina para vendernos películas baratas, ¡y por catálogo! No más pagos de moras en Blockbuster (siempre olvidaba las fechas de devolución), y no más gastar la mitad de mi salario en DVDs originales y de un precio exagerado en El Duende. Al fin, a disfrutar esas películas que los distribuidores en Guatemala nunca traerían.
Si yo quería inyectarme 10 películas en un día, llamaba a Doña Dividí y ella se encargaba del paquete. Fue el éxtasis total. Mi colección creció, mi adicción se fortaleció. Toda una orgía de cds y géneros de cine. Llegué a nadar en tantas películas, que hubiera necesitado ver una diaria por más de un mes para estar al día. El exceso me quebró y dos años después decidí rehabilitarme. Doña Dividí nunca me perdonó.
Cambié de trabajo y con el tiempo conocí a otros dealers, cada uno con su especialización. El Buki tiene clásicas, el gordo ofrece series animadas, el del eslogan "solo entregamos copias originales" fue el primero con servicio a domicilio, la flaca de San Lucas maneja estrenos y el enano de los tatuajes conseguía musicales. Gracias a la piratería he tenido desde 2005 mi película anual de Woody Allen, disfruté de toda la serie de Neon Genesis Evangelion, y poseo mis documentales de The Ramones, Nirvana y Metallica.
Y aunque no lo crean, me encanta ir al cine. El amor a las salas y la gran pantalla nunca ha muerto, pero la piratería ha sido una compañía romántica, pícara y ardiente. Además, quiero ver lo que me gusta y no limitarme a la paupérrima y vergonzosa cartelera guatemalteca de cine. Y quien esté libre de pecado, que me tire la primera piedra. Pero en guacalito por favor, los cinéfilos somos amantes, no guerreros.
Es guatemalteca y radica en Los Angeles, California. Desde el 2001 nada en el movimiento de rock indie en inglés. Su propuesta es tan honesta como encantadora. En el plano técnico, las tareas en blues, soul, jazz y balada las lleva avanzadas. Y su voz cautiva por su dulzura y fuerza.
Sus canciones son especiales por la soltura y delicadeza que presentan, sin perder carácter. Letras destinadas a la melancolía, a las cartas sin enviar, a las despedidas de los amores complicados y bienvenidas de nuevas aventuras. December es una pieza digna de ventilar los créditos iniciales de un filme de Woody Allen. Since you came along es la celebración de encontrar lo imposible e It’s been a pleasure resulta la visión de despedirse con alegría y resignación de lo que no pudo ser. Y una preciosa balada, casi canción de cuna, es Amapola, cover con el cual creo, define sus raíces e influencias muy bien esta cantante.
Es de ese tipo de música que nos prende ese feeling de acariciar, de besar, de bailar despacio y quemarlo todo con una sola mecha. De vivir lo deseado hoy y repetirlo mañana con más ganas. Es música para enamorarse, desenamorarse y volver a comenzar todo de nuevo. Son melodías y letras que vuelan con alas de ángel, sin esconder un par de cachos rojos preparados para el ataque.
Su sitio web oficial es www.gaby-moreno.com y una crítica especializada de su trabajo muy afilada es esta de Jorge Sierra. Les dejo algunos vídeos.
La jamhead y fotógrafa australiana Jennifer Sando ha comenzado una singular campaña. Le quiere tomar un retrato a Eddie Vedder, vocalista de Pearl Jam y quien dará dos conciertos en solitario en la ciudad de Perth, Australia. Y no cualquier fotografía ¿eh?, Sando está determinada a tomarle un retrato posado. ¿Inhóspito? ¿Genial? ¿Obsesión?
Su proyecto consiste en publicar en la página The 'I want to take a portrait of Eddie Vedder' project una fotografía diaria desde el 1 de enero hasta el 31 de marzo, fecha del primer toque. Las imágenes se relacionan con el cantante, la banda, las canciones y su antojo fanático. El objetivo es llamar la atención del artista o de su promotor, y conseguir algunos minutos para dar el click de su vida. Sando sigue a Pearl Jam desde 1995 y ha solicitado que rolen la noticia de su ambición. Este post es mi grano de arena. Además, es una buena recomendación, sus fotografías de retratos y bodegones me parecen fantásticas.
Gracias Andrea (nueva corresponsal desde Australia para el blog El Aguafiestas), por compartirlo.
Jamhead: término utilizado para calificar a los fanáticos de Pearl Jam que realizan acciones consideradas fuera de lo normal, saciando su adoración al grupo. Ejemplo: renunciar a su trabajo para asistir a un concierto, dormir toda una noche afuera de la tienda de discos para ser de los primeros en comprar el nuevo material de la banda, o darle el nombre de una canción a su hijo, gato o chucho.
Update: El señor Vedder dará conciertos en las ciudades de Perth y de Adelaide, en Australia. Y Sando es de Adelaide, no Perth como había publicado. Go girl!
Mi amigo Gabriel alegaba que no hay razón para aplaudir durante la proyección de un concierto en un cine, mientras yo me unía a la muchedumbre aplaudiendo porque había terminado One. Era la presentación del dvd del último megaconcierto de U2. “A mí también me gusta, pero el artista no está aquí, para qué aplauden”, me repitió al terminar el toque. Encuentro una lógica perfecta en su opinión, pero yo soy de los que aplaude todo lo que gusta como una celebración muy mía de haber presenciado algo importante. Aplaudo una película en cine o en mi casa, un chiste de cualquiera que me haga reír, después de un tequilazo.
Pero la chica ultra fan de Bunbury quien se sentó a mi lado para el concierto de ese artista en 3D, me hizo dudar. Cantó todas las canciones, toda puta frase se la sabía y las cantó casi atragantándose con sus poporopos. Y no solo eso, también chifló, tomó fotos, gritó “papito rico” cuando se le miraban las nalgas al español, pataleó, bailó y recriminó al resto de asistentes en voz alta “puta muchá, es un concierto de rock, por qué tan callados, puta muchá”.
No me molestó tanto, pero tampoco le daría una medalla de honor. Yo también canté, aunque en voz baja y solo las seis o siete canciones que me sé de memoria. Recuerdo también para el documental Flight 666 de Iron Maiden yo quería berrear Run through the hills, pero lo sentí inapropiado. Algún día escribiré el “Manual de comportamiento durante conciertos en un cine”, mientras tanto esperaré el tan misterioso documental de Cameron Crowe basado en la carrera de Pearl Jam. Está anunciado para el 2011 y tal vez sea yo quien grite y patalee como niña descontrolada en una sala de cine en el futuro.
“Me tiene nervioso ese cabrón, apuntándonos con esa su mierda”, le dije a mi amigo. Ambos giramos la vista hacia la puerta del restaurante. “Ya ni hartar tranquilo puede uno. ¿Cuántos años le calculás a ese chato?”, me preguntó. Soy el peor para calcular edades, pero de 17 años no pasaba. “A estos agentes de seguridad uno les habla y no agarran vuelo vos, vieras los problemas que he tenido con ellos en otros lugares, son demasiado abusivos”, le comenté.
“Trabajé con una empresa de seguridad, y a estos chatíos cuando bajan de la montaña, antes de darles comida y enseñarles castellano, les ponen uniforme y les prensan el arma, y los mandan a cuidarnos”, exclamó alejando un poco su plato de carne asada. Mientras el agente de seguridad, con poco más de un metro de altura, seguía de pie en la puerta viendo hacia la calle, pero con la escopeta inclinada y apuntándola a nosotros.
“No quiero salir en Nuestro Diario mañana vos, y que mis sesos sean la ilustración del titular Se le salió un plomazo”, dije más asustado que al principio. “Va, comamos rápido y nos echamos el cafecito donde la vez pasada, ahí el guardia carga una arma más grande, pero tiene cara que sí sabe usarla”, me respondió.
Terminamos en cinco minutos y salimos, pero antes de enfilarnos a tomar café, mi amigo se le acercó al guardia. “Chato, de casualidad, ¿este tu fierro tiene seguro para no dispararse por error?”, le preguntó. El pequeño escolta permaneció en silencio y colocó su dedo índice en el gatillo. “Olvidalo chato, feliz tarde”, le dijo mi compañero y nos retiramos a paso veloz. El café americano de esa tarde estuvo extraño, como con sabor a pólvora.
Para el 2011 no se espera una, ni dos, ni tres… serán seis estrenos de películas de Natalie Portman, esa linda judía que nos robó el corazón desde niña como Mathilda en The Professional / Léon, nos volvió a conquistar como Marty en Beautiful Girls y Padme en Star Wars, y se apoderó de muchos (y muchas) encarnando a Jane en Closer. Ahora esperamos desde mega producciones hollywoodenses hasta dramas independientes. Y con su reciente noticia que espera un hijo y se casará, a saber cuándo la volveremos a ver en la pantalla. Para mientras nos deja con esta maratón de títulos:
Black Swan.
Thriller psicológico dirigido por Darren Aronofsky (The wrestler, Requiem for a dream). Acerca de dos bailarinas de ballet en una producción de El lago de los cisnes en Nueva York. Ambas compiten por el papel principal y una encuentra su temible lado oscuro.
Lo mejor: Es Aronofsky. De seguro exprimió todo el talento de Natalie. Muchos críticos dicen que es la oportunidad perfecta para ganarse el Oscar. Además, a los votantes de la Academia les encantan las actrices lindas que se visten de feas en películas. Lo malo: Sucederá como The wrestler, vendrá al cine siete meses después de tener una copia en dvd en mis manos. Hubiera sido genial vivir el impacto en la pantalla grande.
UPDATE: Ya la vi. Es una película hermosa y perturbante.
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No strings attached
Comedia romántica estadounidense dirigida por Ivan Reitman (My super ex-girlfriend, Ghostbusters), centrada en dos personas quienes llevan una relación emocional con libertad sexual, o sea amigos con derecho, pero con el tiempo tendrán una revelación y querrán algo más.
Lo mejor: No sé, no sé. Tal vez nada. Lo malo: Bien dicen la abuelas “cuidado con lo que deseas”, porque siempre había querido ver a Natalie en una comedia romántica. Y acá está, deseo cumplido. Y hasta me duele el estómago de ver en el trailer al Ashton encima de la chava. No son celos, qué va.
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Thor
Es una adaptación del cómic iniciado en 1962. Thor es un héroe que ejerce con su martillo justicia y es enviado a la Tierra para proteger a la humanidad. La película estuvo dirigida por Kenneth Branagh (Sleuth, As you like it) y se espera sea uno de los blockbusters del verano 2011.
Lo mejor: ¡¡¡Natalie en 3D!!! Lo malo: Es Thor, qué hueva.
---------- Hesher
Drama de bajo presupuesto y primer largometraje dirigido por Spencer Susser. Cuenta la historia de Hesher, un joven adulto con pasado tormentoso quien se convierte en mentor y pesadilla de un niño de siete años. El pequeño acaba de perder a su madre y vive con su padre drogadicto.
Lo mejor: Todo. Parece una película de contenido muy humano y centrada en los personajes, de esas historias oscuras que tanto me llegan. Varios críticos han destacado la casi perfecta dirección de actuación de Susser. Lo malo: Ni sueño que venga al cine. Esta será una misión imposible para alguno de mis dealers.
---------- Your Highness
Comedia fantástica filmada en Irlanda del Norte. Es co-escrita y protagonizada por el cómico Danny McBride, y relata la experiencia de un príncipe vago y arrogante quien junto a su hermano vivirán una aventura épica para salvar el reino de su padre.
Lo mejor: Ver a Natalie a lo guerrera como dicen los gringos kickin' ass. Lo malo: Es otro ejemplo de cuidar con pinzas los deseos. Tenía la espina por saber cómo se vería en una comedia, ahora me quedó desconfianza.
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The other woman
Drama dirigido por Don Roos (Bounce y guionista de Single White Female) y adaptado de la novela Love and other impossible persuits publicada en 2006 por Ayelet Waldman. Relata el duelo de una madre joven, quien a su vez lucha contra los prejuicios de ser la segunda mujer de su esposo y la aceptación de su hijastro.
Lo mejor: Me gusta la aventura de no saber mucho del contenido de este tipo de películas, y dejarme llevar por la historia. Lo malo: Hasta mi mejor dealer se las verá peludas para conseguirla, es demasiado independiente.
Ya lo he dicho, soy uno de los fans de música más desactualizados que conozco. Si no fuera por algunos blogs que leo, seguiría pensando que no hay nada bueno en la música actual. Mi disco favorito de este año fue sin duda Mojo, de Tom Petty & The Hearbreakers, del cual ya escribí un poco en este post. Pero hay otros que quisiera recomendarles. Ahí van.
Slash & Friends
Rock de rockstars, así lo catalogaría. Este álbum se forma de colaboraciones, en su mayoría voces ultra conocidas como Ozzy Osbourne, Chris Cornell, Iggy Pop, Kid Rock, Fergie, Lemmy Kilmister y más. El disco no es malo, pero le veo una gran falla. Santana utilizó primero esta fórmula de vocalistas famosos colaboradores, pero a él sí le funcionó por completo porque aseguró que las voces invitadas fueran el adorno perfecto para su guitarra. En el caso de Slash & Friends, los “amigos” acaparan el protagonismo y pareciera que son sus propias canciones, olvidándose de manera fácil del guitarrista. Además hay poco para sorprenderse, ya que no existe sorpresa que Cornell, Lemmy e Iggy canten de puta madre.
Y la canción con Axl Rose es pésima (jaja, chiste). Pero da igual, el colocho se la debió haber pasado fantástico grabando el disco, tocando en festivales y filmando un videoclip con una Fergie femme-fatale y semi desnuda. ¿Quién no?
Michelle Branch escribió como 20 canciones, armó un su disco y estaba entusiasmada para promocionarlo. Como ahora ella utiliza violín, banjo y ukulele en sus composiciones, la disquera no supo si colocar su música en el stant de country, de jazz, de pop o de adulto contemporáneo, e incluso se metieron a cambiar instrumentos de las grabaciones. El disco nunca se publicó.
Tres años después de haber grabado la primera canción, la cantante decidió salvar seis rolas de esas sesiones que tocan la temática que el tiempo vuela… vuela… y voló. El EP se llama Everything comes and goes, y destaca la rola que le da el nombre al disco y su letra “time is going so fast / and I can´t do anything about it”, vaya que no. Y la balada Crazy Ride dedicada a su hija, aconsejándola que cuando sienta que el sol deja de salir, mejor se levante y lo salga a buscar al otro lado del pueblo.
Lo bueno de los artistas consagrados, es que ya no se sienten comprometidos a quedar bien con nadie. Esto sucede con Ronnie Wood, guitarrista de The Rolling Stones, quien en los últimos años se había convertido en una estrella de la prensa rosa europea. Dejó atrás esas chingaderas y grabó un disco excelente. Blues, folk, rock&roll, soul… todo esto brota de este hombre, su voz y su guitarra. “I hear an old coyote howling at the moon / feeling feelings he don’t understand”, son las palabras con las que empieza el álbum, y así se va. Lucky man es una rola escrita junto a Eddie Vedder celebrando la suerte de los días huevones y las noches locas.
La joya de soul I gotta see despierta esos deseos de bailar a paso lento, acariciar y sentir el aliento pegar en los labios. Y con la ayuda de Billy Gibbons de ZZ Top, explotan en la seductora Thing about you, himno a esas mujeres quienes nos magullan la cabeza con una simple mirada... y movimiento de cadera al caminar.
Luego de escuchar un par de canciones en blogs y saber que Robert Plant, Billy Gibbons (ZZ Top) y Thom Yorke (Radiohead) eran fans de la banda, no me quedó más que escucharlos. Ahora concluyo: Brothers es un discazo.
El dúo no se muestra tan fulminante y minimalista como en su anterior material Atack and release, pero en la propuesta del 2010 no pierden su influencia blues y se disfrutan muchos ritmos funky, letras más chingonas y se les suma un órgano que nos hace viajar en el tiempo a los setenta psicodélicos con las rolas The only one y la instrumental Black mud. Y lo mejor, la joya de videoclip de su sencillo más exitoso hasta la fecha, Tighten up.
Y para el 2011 se viene lo nuevo de PJ Harvey, Radiohead, Soundgarden y A Perfect Circle... va a estar bueno el rollo.
Ese 24 pedí un deseo: desaparecer. Desconecté el teléfono y timbre de la casa, y apagué mi celular. El plan era sencillo, ver una película, tal vez escuchar un poco de música, tomarme unas cervezas y dormirme temprano. Y Junior sería mi única compañía, odiaba andar solo y temía a los canchinflines.
Escogí ver Moonlight Mile por segunda vez en el año. Me di el gusto de repetir mis escenas favoritas. Daba play, las retrocedía, subía volumen, daba play. Siempre me gustó cuando la mesera baila la rola de los Stones con el protagonista, en un momento tan íntimo como incómodo. Dos extraños, dos vidas golpeadas, una casualidad, una atracción y una canción mágica. “In the window there's a face you know / Don't the night pass slow / Don't the nights pass slow”, cantaba Jagger. Y en efecto, pasaba lenta.
Hizo frío. Junto a los créditos finales, le coloqué su suéter a Junior y di otro play. Era un disco raro de covers y versiones en vivo. Imagine cantada por Young, Hysteria acústica, Love hurts versión Joan Jett, Help al estilo Gallagher. Minutos después Junior se pegó a mi lado y quedamos dormidos. No escuchamos el escándalo de las 12 horas.
Despertamos tarde al siguiente día. Encendí mi celular para revisar algún posible mensaje de texto o llamada perdida. No encontré nada. Ese 24 mi deseo se cumplió.
Cuando aprendes a reirte de ti mismo, es más fácil reirle a la vida. En la época de colegio, con amigos saltábamos de clavado a cipreses y arbustos, ya sea en bicicleta o corriendo. También nos subíamos como nueve temerarios a un barco de sube-y-baja, y lo meneábamos hasta que alguien salía volando y aterrizaba en el cemento. Jugábamos cochibasquet en cualquier sala o dormitorio, donde la única regla era: No Reglas. Era como una mezcla de rugby y basquet, y cada rebote de cabeza en las paredes... puta, dolía.
En talentos solistas, Jorge se metía galletas a la boca y luego le hablaba a uno de cerca, escupiéndole todo el bolo alimenticio a uno en la cara. También se lamía la mano y nos daba cachetadas o metía su dedo húmedo en nuestras orejas. En una ocasión armó una guerra de pegamento, varios quedamos bañados en goma blanca. Joyita esta.
No olvido a Mau, quien corría en la calle, somataba algún poste o cartel de metal y se tiraba al suelo haciéndose el golpeado. Las personas corrían a verlo asustados de semejante topetazo, una vez hasta llamaron a los bomberos. A los minutos de revolcarse en la acera, se levantaba, decía que se sentía mejor y se alejaba caminando.
El Goyo peleaba contra arbustos y árboles, decía que le brincaban y debían pagar. Otros concursábamos a ver quién se fumaba cinco o diez cigarros en menos tiempo, después vomitábamos. Atesoro cada una de estas acrobacias, madrazos y lágrimas (de risa o dolor).
Y me gusta fantasear que si hubiéramos registrado como propias aquellas hazañas, hoy estaríamos recibiendo algunas regalías por las películas de Jackass. Estas maravillas (este año disfruté la nueva en 3-D), me despiertan ese deseo de escalar montañas, vivir aventuras, conquistar miedos… buscar la inmortalidad pura. ¿Qué, a ustedes no?