
Así les llamo a estas personas, en su mayoría artistas urbanos, algunos con talento, quienes se han regalado a las calles del Centro Histórico. En esta adopción obligatoria, se han apoderado de este sector para plasmar su propuesta artística y su tiempo de ocio.
Por las noches se les ve caminando de bar en bar, solos, buscando alguna cara conocida para sentarse a platicar y contar sus aventuras musicales, teatrales, plásticas, Etc. No me malinterpreten, terminan siendo “cae bien” y sus anécdotas son interesantes. Relatan con orgullo cuántas cervezas se han tomado en una hora, cuántos bares han visitado esa noche, a qué hora decidirán con quién acostarse y sus múltiples logros de su espectacular vida como mártir urbano.
El único “pero” que encuentro es mi imposibilidad de entablar una conversación de doble vía. ¿Por qué? Pues fácil, a ellos les importa un carajo mi vida. Que si estoy atrasado en mi trabajo, si tengo felicidades con mi pareja, si quiero ver una película… estas son pendejadas para ellos. Estos seres nocturnos han decidido vivir una vida con pocos compromisos, enviando a la mierda muchas cosas y actividades que para mí sí son importantes.
Si tengo un problema en el trabajo, si sufro un leve ataque de mal de amores, si mi familia sufre de algo… ellos me responden que es mi culpa y preguntan: ¿Por qué te atas a personas? ¿Por qué no sos libre? ¿Por qué seguís siendo siervo de este régimen capitalista? ¿Por qué no sos como yo?
Así que, mis almas errantes del Centro Histórico, no me interpongo en su camino de grandeza individual. Sigan sus sueños, continúen sus aventuras, pero no me vendan la idea de que somos amigos y les importo. Su interés en mí es la excusa perfecta para no tomarse una cerveza a solas, nada más, yo entiendo. Sigamos la dinámica de ese juego y terminemos nuestras cervezas en son de paz. Salud.






