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lunes, 8 de diciembre de 2014

Cuando me deprimo leo “Rockstar!”

Llevaba más de un año de tener empolvado “Rockstar!”. Eso que mis libros favoritos estén empolvados me dice algo, mucho. Pero bueno, “Rockstar!” es un libro de Julio Prado, a quien tengo el gusto de conocer. Me lo vendieron en un paquete de cuatro poemarios. Aunque no soy experto, para mí no son poemas, más bien son historias cortas de este personaje que si no es Julio, bien tendrá mucho de él.

La primera vez que lo leí andaba en depre total. La segunda y la tercera andaba a medias. Con tanto trabajo y estrés ya ni da tiempo para deprimirse tan seguido.

Realista, oscuro, pesimista, víctima, fantasía, soledad, desesperación… hay un poco de todo. “Hoy el televisor tiene noventa y ocho pruebas contundentes para demostrar que no seré feliz / no tendré un gimnasio en casa / no seré el tipo que todas aman / ni tendré una esposa colombiana”, se lee.

Su visión de la ciudad es tenebrosa. “Esta ciudad te permite morir sin conocer un hospital / cualquier acera puede ser tu camilla / sin una enfermera gorda que te lave los intestinos mientras se queja de su salario”.

Al ser abogado, el personaje del autor se convierte en ocasiones en una especie de superhéroe luchando contra el mal. Los resultados están muy lejos de los que vemos en el cine o los comics. “Llevamos siete sentencias al hilo / todos culpables / pero los niños / ¿hemos podido hacer algo por ellos? / ¡habré podido ser mucho más que un simple testigo de sus dramas? / ¿les he construido camas donde puedan acostarse a soñar una vida distinta?”, reflexiona

Cada texto tiene el nombre de una estrella de rock. Esa es la guinda del pastel. Y aunque todavía no termino de perdonarle del todo que haya escrito de manera equivocada el nombre de Eddie Vedder, agradezco que su texto sobre la muerte es tremendo, bárbaro, de mis favoritos.

Libro: “Rockstar!”
Autor: Julio Prado
Editorial Catafixia.

lunes, 1 de diciembre de 2014

La melancolía de Amable Sánchez Torres

No soy un experto en poesía, pero cuando leí las colecciones de poemas “Nudos en la sombra”, “Delito mayor” y “Cosa cordial” de Amable Sánchez Torres, se abrió una puerta en mi mente.
Vaya que la melancolía nos tira al suelo y juega con nuestros recuerdos como niño con trompo nuevo (o app de trompo en algunos modernos casos).
Varios textos rozan con ser cartas de despedida antes de la muerte, con la idea de “ya me voy, estuvo bonito todo, hubiera querido más, hubiera preferido que fuera mejor”.
No siempre estar despierto es estar vivo”, dice uno de los poemas. “Quizá somos los hombres como esas estrellas que murieron hace siglos y cuya luz nos llega todavía”, sigue. “Haber vivido, entonces, solo será un traspiés en la memoria”, remata.
Tiene textos bañados en vacío y abandono, algunos en esperanza y otros en la urgencia por soñar, sin importar si sea dormido o despierto.
“Yo me rebelo contra mi destino y le escupo a la cara a quien intente jugar conmigo a la gallina ciega. Judas no es un traidor, sino una víctima tan indefensa como otras. Que nadie lo condene sin escucharlo antes”, escribe el autor.
Destaco esto porque tengo el deseo de volver a leer estos libros, y regresar a estas palabras que me ensañaron a no distraerme en cosas que no valen la pena, porque nuestro tiempo está contado y es valioso. Y cuando llegue el momento de cerrar los ojos, lo quiero hacer con una sonrisa, al menos a medias.

Gracias Eddy Roma por el regalo.

Ahora, las vida y las decisiones del autor son otra cosa. Si quieres saber más acerca de Amable Sánchez Torres, pulsa acá.

lunes, 4 de marzo de 2013

Slash by Slash

 La primera vez que tuve en mis manos Slash, by Slash, libro en el que el exguitarrista de Guns N’ Roses y Velvet Revolver, cuenta su propia historia, me dediqué a buscar los grandes misterios de GNR como el día que conoce a Axl Rose, el primer ensayo de la banda, el primer concierto, cómo grabaron los discos Use Your Illusion, cómo se separó el grupo y cuáles fueron las peleas. El texto más o menos lo explica.

Para la segunda leída, un año después, decidí hacerlo como se lo merece todo libro, de principio a fin. Y me encontré con un relato divertido y a la vez emotivo, acerca de un chico que estaba perdido en el mundo y tuvo la dicha de ser un gran guitarrista y conocer a compañeros de grupo muy similares a él, tanto en el talento como en los excesos.

El principio es desgarrador. Slash, o Samuel Hudson como lo llamaron sus papás, lo que más recuerda de su padre es que realizaban caminatas interminables durante las tardes, así conocían pueblos vecinos al suyo. La verdadera razón de estos viajes peatonales era que sus padres peleaban demasiado e inclusive la mamá llevaba a otros hombres a su casa, entonces el papá decidió caminar con el niño para ignorar la situación.

De adolescente se puede decir que era un pequeño delincuente. Robaba comida, revistas, artículos para su bicicleta y cigarros en supermercados, además de casetes en las tiendas de discos. Así conoció el álbum que lo inspiró a ser músico: Rocks de Aerosmith.

Y las historias de GNR cuentan tantos excesos que uno se sorprende al ver que los cinco miembros originales siguen con vida. Los pasajes graciosos son muchos, como cuando Slash estaba convencido de que el coro de Paradise City debía ser “take me down to the paradise city were the girls are fat and they have big titties”. Axl estuvo en desacuerdo por obvias razones. O que Sweet Child O' Mine nació de una broma que Slash le hizo a Axl, cantándole unas líricas dulces con el famoso acorde que ya conocemos. Axl lo tomó como referencia y al siguiente día quería grabarla. Ninguno de los demás quería hacerlo por ser tan cursi, pero lo trabajaron y así se elaboró esa gran canción de rock de todos los tiempos.

Y los momentos de Izzy son tan mágicos como fugaces, igual a su carrera. La primera vez que se conocieron fue cuando Izzy buscó a Slash en una tienda de discos para felicitarlo por un dibujo de Steven Tyler que el melenudo realizó. O cuando este dúo comenzó a inventarse la letra de Nightrain en un callejón luego de un concierto, en honor al vino más barato y fuerte que vendían cerca de su casa llamado, claro, Nightrain.

Después de leer el libro uno entiende por qué Slash, Axl, Izzy, Duff y Steven nunca tocarán juntos otra vez. Esa banda no debió sobrevivir tantos años, eran una bomba de tiempo. Las drogas, los egos y las diferencias eran demasiadas. Además, el único dueño del nombre ahora es el señor Axl Rose.

También hay pasajes muy interesantes de cómo Slash recibe consejos increíbles de Ronny Wood y Keith Richards, o cuando se reencuentra con Duff e Izzy y deciden formar Velvet Revolver. Meses después Izzy se va porque prometió nunca más trabajar con un vocalista en una banda. O cuando uno de sus mejores amigos se muere en sus brazos a causa de una sobredosis en un hotel de Nueva York.

Peleas con mujeres, arrestos, amistades con dealers, desacuerdos con disqueras, muertes de amigos, delirium tremens… en fin, las mejores anécdotas del rocanrol de este sobreviviente.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El café con piernas de Eddy Roma



Quienes conocemos a Eddy Roma, sabemos que él no tiene nada que envidiarle a Wikipedia. Ese vasto y peculiar conocimiento de detalles tan importantes como irrelevantes, lo utiliza de una manera valiosa y modesta en su libro de cuentos Café con piernas.

Son 12 historias que te llevan de la mano por el universo geek, las emociones de la infancia y lo absurdo de la realidad. A veces recuerda a Pixar, en otras a Woody Allen y también a las mejores conversaciones Tarantinezcas que uno puede imaginar.

En el mundo de Eddy, los peleadores de lucha libre se desmadran contra sus contrincantes, no existen las coreografías. También existe un dormitorio en un hotelucho de México en el que no existe un switch para apagar el foco de luz. Y en Los Ángeles, California, vive un extranjero a quien muchos lo confunden con un tal Benigno, y por eso se gana besos de chinitas y golpizas de policías.

El autor también recuerda cuando éramos niños no teníamos nada más qué hacer por las tardes de lunes a viernes, que ver caricaturas en la televisión, de manera religiosa. Aunque en la habitación vecina existiera un caso de violencia familiar, lo único que valía la pena durante esas horas vespertinas era ver a nuestros héroes batallar contra los villanos malvados.

Y uno de mis pasajes favoritos, acerca de un pesado cuidador de un parqueo que se siente aludido por un cuento acerca de un ascensorista muerto, con características demasiado similares a él.

Si después de leer esto piensas que se trata de un libro sin sentido, créeme, te aseguro que necesitas viajar más o mejorar tus gustos cuando vas al cine.

Libro: Café con piernas.
Autor: Eddy Roma.
Casa editorial: Editorial Cultura.
Año de edición: 2011.
¿Dónde lo puedes encontrar? En Casa Cervantes, zona 1.

lunes, 5 de noviembre de 2012

1001 discos que hay que escuchar antes de morir… o cómo no estresarse en el intento de leer este libro



Mi amigo Allan me presta el libro 1001 discos que hay que escuchar antes de morir. Promete lo mejor, desde la portada con el mismísimo Sid Vicious apuntándome a la sien con su guitarra.


Comienzo a leerlo, contento, emotivo, y me encuentro con reseñas de Fleetwood Mac, Elton John, Rod Stewart, David Bowie, Van Morrison, Prince, Morrisey… todos grandes artistas que ni siquiera un greatest hits entero he escuchado. Me muero de la vergüenza. Vaya melómano tan mediocre que terminé siendo. Comienzo a bajar su música. Uno, dos, cinco, diez discos… ¿A qué hora escucharé tanta música? Me estreso. Tiro el libro a la chingada y trato de ignorarlo.

Días después, ya con un mejor ánimo, lo abro y me encuentro con reseñas acerca de Neil Young, The Beatles, The Rolling Stones, Led Zeppelín y Bod Dylan. Suspiro… esos ya son viejos conocidos. De ahí me aburro y comienzo a buscar solamente a mis artistas o discos favoritos. Encuentro algunos, faltan muchos. Ni modo, es el peligro de dejar que un británico hable sobre música. El libro es británico ¿no?

Y entre la lista que dejó afuera a The Cranberries y Tool, encuentro Baby one more time (1999) ¿¿¿de la Britney Spears??? ¿Qué putas? Pues, al final termino accediendo, es un genial producto comercial, que te roba el instinto sexual y resulta inolvidable. Me refiero a ella. La música es una mierda.

Así que, les comparto algunos de los discos que más me alegré que estuvieran en este gigantesco listado, y acompañados de una de las frases de cada uno que más me llegó. Abramos una chela y digamos: “Salud”.

Led Zeppelín IV (1971) de Led Zeppelín. Muestra al grupo lleno de pomposidad e indulgencia.

The dark side of the moon (1973) de Pink Floyd. Los que nunca han escuchado a Pink Floyd, deberían comenzar por este disco.

Ramones (1976) de Ramones. Declaraciones básicas de lujuria y necesidades juveniles.

Highway to hell (1979) de AC/DC. Su estilo rudo y despreocupado resume a la perfección la esencia más pura del género.

Hysteria (1987) de Def Leppard. Pour some sugar on me, que parecía música de streaptease, se disparó hasta alturas insondables.

Appetite for destruction (1987) de Guns N’ Roses. Vestidos con andrajos y con las drogas hasta las orejas, eran los Stones y los Sex Pistols en uno. Casi todas, digan lo que digan los créditos, nacieron en la cabeza de Stradlin.

Bad (1987) de Michael Jackson. Fue más complejo, más redondo y más “malo” que Thriller.

And justice for all (1988) de Metallica. Es una gloriosa despedida a los sonidos extremos.

Ten (1991) de Pearl Jam. Entonaba el grito de guerra de una época intensamente novedosa y emocionante en la historia del rock and roll.

Dry (1992) de PJ Harvey. Utilizaba el humor negro y decadente para atacar las expectativas femeninas mediante su disección del amor y el sexo.

In Utero (1993) de Nirvana. Señalaba la dirección melódica que seguramente habría tomado la banda de no haber muerto kurt Cobain

The downward spiral (1994) de Nine Inch Nails. Si habla de ti y no eres Trent Reznor, es para preocuparse.

(What’s the story) Morning glory? (1995) de Oasis. Fue el epicentro del Britpop, un rejuvenecimiento cultural que introdujo a Gran Bretaña en los 90.

Ok computer (97) de Radiohead. Sintetizar a los Smiths con Queen suena demencial.

Clandestino (98) de Manu Chao. Explora el dolor de la carretera.

Follow the leader (98) de Korn. Las letras son tan desagradables como los fans podían desear, aunque suelen utilizarse para subrayar la intolerancia y la crueldad.

Californication (1999) de Red Hot Chili Peppers. Aprecia la belleza de la vida, la tranquilidad y el amor más que las fiestas salvajes.

Kid A (2000) de Radiohead. ¿Por qué Tom Yorke sonaba como si cantase dentro de un lavabo?

Stories from the city, stories from the sea (2000) de PJ Harvey. Era más firme y pulido que los álbumes anteriores.

Gorillaz (2001) de Gorillaz. De entre las golosinas auditivas que atesora el disco destacan los flirteos con el dub reggae y el punk.

Come away with me (2002), de Norah Jones. Una invitación sensual que es imposible de rechazar.

Hail to the Thief (2003) de Radiohead. Seguían experimentando, pero la mezcla resultaba cómoda.

Elephant (2003) de The White Stripes. Que transmita tanta oscuridad y frustración solo sirve para definir su grandeza de clásico.

Y aunque agradezco que incluyeran a casi todos de Radiohead y Pink Floyd, hay muchos que, pienso yo, debieron haber entrado a ese listado.

Para mí, los que hicieron falta y les recomiendo escuchen antes de morir, son:

Ride the lightning (1984 y 1989) de Metallica
Flesh & blood (1990) de Poison.
Use your illussion (1991) de Guns N’ Roses.
No need to argue (1992) de The Cranberries
Vitalogy (1994) y Yield (1998) de Pearl Jam.
Wildflowers (1994) de Tom Petty.
AEnima (1996) de Tool
Psyence Fiction (1998) de UNKLE.
From the Choirgirl Hotel (1998) de Tori Amos.

Más tarde, quiero escribir un top ten de las canciones que recomiendo escuchar antes de morir. Espero escribirlo…claro está, antes de morir.

1001 discos que hay que escuchar antes de morir, recopilación hecha por Robert Dimery. 
Editorial Grijalbo.
Gracias por el largo préstamo, Allan.

lunes, 23 de enero de 2012

22 Escarabajos – el cuento Beatle


Todos atesoramos más de alguna historia en donde The Beatles ha sido parte esencial. Y si no la hemos vivido, pues la inventamos. El libro 22 Escarabajos, Antología hispánica del cuento Beatle, es una recopilación de 22 cuentos cortos que giran alrededor de esta mítica banda de Liverpool.

Utilizando diferentes géneros literarios como la ciencia-ficción, el falso reportaje periodístico, falso web-log y cuento de terror, los escritores repasan la vida de The Beatles con sus mitos, sus fanáticos, sus tragedias y por supuesto, su invaluable música.

Rock in the Andes relata una inquietante y divertida historia en la que un líder de comunidad en un pueblo asegura que el rock es la música del diablo y The Beatles son los enviados del infierno para destruir al mundo. Él contrata a un lacayo para que aprenda inglés y traduzca todas las canciones de los también llamados Fab Four, así se les facilitará analizarlas y salvar al mundo.

Two Virgins nos presenta a Simón, un técnico en hemodiálisis y Beatle-fan hardore, quien conoce a Lucy en una camilla sufriendo de una hemorragia en el riñón. “Lucy in the hospital with a failed kidney”, piensa al verla. Ella no conoce a The Beatles, ni le interesa saber de ellos. Igual, solamente le quedan algunos meses de vida, si tiene suerte.

Café anacrónico es un sueño o alucinación de una posible sesión de fotos de la portada del histórico Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. El Stage y la revolución es un muy creíble discurso en defensa de la teoría marxista-lennonista, Degeneración JL es un virtual/paralelo origen de John Lennon y The Beatles narra el fallido esfuerzo por la agrupación inglesa en escribir la canción Eduardo del Llano que relataría la historia de un latino, músico, emigrante y maricón.

Y el guatemalteco Maurice Echeverría también participa, encarnando en su propio cuento 33 ladrillos traídos de Liverpool a un viudo atravesando el Lago de Atitlán con su colección de vinilos de la banda, sin saber que pronto correrán el riesgo de perderse en esas benditas/malditas aguas.

Los cuentos también tocan experiencias como la primera relación sexual de un futuro gigoló, primera partitura aprendida a tocar en piano por un niño y el bloqueo creativo de una traumática escritora.

Y como dice una de mis canciones favoritas “Thoughts meander like a restless wind inside a letter box”.

Ficha técnica acá en Sophos.

lunes, 29 de agosto de 2011

Las conversaciones con Al Pacino


Lawrence Grobel es un escritor y experto en entrevistas, quien ha trabajado para The New York Times, Rolling Stone, Cosmopolitan, Playboy y Penthouse (las dos últimas publican reportajes, en verdad, así dicen).

Después de un par de interesantes entrevistas publicadas en la década de los setentas acerca de Marlon Brando, este periodista llamó la atención de Al Pacino, quien llevaba años de negarse a la prensa. En 1979, ya convertido en una estrella de Hollywood al haber protagonizado El Padrino I y II, Serpico y Tarde de Perros; Pacino decidió abrir su corazón e invitó a Grobel a su apartamento para realizar una entrevista. El actor fue un entrevistado tosco, brusco, defensivo y desconfiado. No estaba acostumbrado a que le preguntaran tanto sobre su vida privada, pero aprovechó para relatar su niñez, adolescencia, ex novias y primeros papeles en teatro y cine.

Por su parte, Grobel tenía una imagen de Pacino como la de un Michael Corleone, así de frío y calculador, capaz de pegarle un balazo en la frente solo por sentirse incómodo. Ninguno de los dos se imaginaba que esa sería la primera de más de una decena de entrevistas que se darían de 1979 a 2005, y más importante, el nacimiento de una amistad.

Todas estas pláticas forman Conversaciones con Al Pacino (2006), libro el cual carga con dos lecturas distintas: una la de conocer la vida de Pacino como hijo, trabajador de clase pobre del bronx, adolescente rebelde, actor de teatro, estrella de cine, amante, ex amante y hombre encerrado en su rollo. Y la segunda es una cátedra de cómo hacer entrevistas, siguiendo un lineamiento y no asustarse por respuestas abusivas o fuera de contexto, así como investigar a fondo para dirigir la plática y poder sacar lo mejor del ser humano a entrevistar sin importar lo cerrado, prepotente o desconfiado que se comporte.

Un gran libro, muchas grandes enseñanzas. Gracias Pedro.

Y les dejo una anécdota muy graciosa de cuando ganó el Oscar.

lunes, 23 de mayo de 2011

Libro - Satanás cabalga mi alma


Durante mi primera lectura del libro de cuentos Satanás cabalga mi alma, de Julio Prado, resultó imposible sacarme de la mente las ideas “así escribe Julio”, “la gente qué pensará de este relato” o “van a creer que aquel está chiflado”. No siempre se conoce en persona al autor del libro que lees, y menos llevar una relación amigable y afectuosa con él. Y creo, eso me nubló la vista.

Pero hace unas semanas me reencontré con esta colección de 21 relatos, los cuales ahora me los disfruté como niño en juguetería, o con Playstation, o Nintendo DS... la idea es esa.

El mundo presentado por Julio ya lo conocemos porque lo hemos visto en ocasiones, además también nos lo han contado. Es oscuro, pero colorido. Es amargo, pero con bordes dulces y otros salados. Este escritor/abogado entra hasta el fondo, hasta la cocina de la casa, y nos golpea en la cara con una chancleta.

Julio es el protagonista de los cuentos en los cuales con saco y corbata acompaña a su compañero de trabajo a quitarse la cruda al bar El Portalito un lunes por la mañana, se enamora de manera fugaz de una secretaria quien escribe y lee poemas en un café bar o de una flaca intoxicándose de alcohol en una cantina, va a redadas trabajando para el MP esperando que un marero no le clave un cuchillo por la espalda e invita a Dios a una cerveza para charlar.

Por momentos pareciera que es el único ser a quien le cae lluvia de la nube que lleva por encima, y por otros se convierte en el rey de lo suburbano.

Cuando presentaron el libro, lo catalogaron como un videoclip en letras por ser tan visual y hacer que las imágenes corran unas tras otras, como huyendo de algo, como si Satanás cabalgara el alma de esas palabras.

Si te interesa el libro puedes escribir a Editorial Cultura (editorialcultura@gmail.com), y para conocer más sobre Julio su blog es noticias para dios. Tiene otras publicaciones, pero sus compulsiones y traumas ahora son derrochados en el twitter.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Escribiendo con Tourette, de Renato Bianchi.


Un libro fuerte, crítico y divertido, si abres la mente… y los ojos, va… si no la cosa no funciona muchá. “Yo soy de mente abierta”, dice la mara cool y luego despotrica mierda por no entender el valor de una expresión cultural.

El libro Escribiendo con Tourette, de Renato Bianchi, es una colección de historias que van desde experiencias celestiales en moteles, apariciones terroríficas y manejo de demonios internos. Cada una bendecida ya sea con fragmentos de líricas de canciones de The Doors, The Beatles y Iron Maiden; o textos de Charles Bukowski y William Blake.

El humor es negro, es ácido, es fantástico. Sus metáforas endiosan y satanizan actitudes humanas y supuestos actos cotidianos. Renato también se presenta con una fabulosa autobiografía ficticia, donde ha escrito los supuestos libros Cómo me pica el ojo del culo y Doña Florinda se cogía a don Ramón tras bastidores.

Dividido en Lado A y Lado B, en esta serie de cuentos la religión, la moral y las aspiraciones terminan realizando un delicioso trísom de estupideces. Y las ocurrencias hacen pareja perfecta con la crítica social. Así mismo, sus palabras finales bien pueden ser las que abren esta entretenida obra literaria: “Nota al lector: disculpadme querido amigo mío si en algún momento este libro te pareció o resultó molesto. Pero sucede que no hago felaciones”.

Libro: Escribiendo con Tourette.
Autor: Renato Bianchi.
Editorial: Palo de hormigo.

Update: Gracias Leon por el préstamo.

“Jay Kelly”: El tiempo pasa (por no decir “envejecemos”)

  “Jay Kelly” (2025) es un drama dirigido por Noah Baumbach y protagonizado por George Clooney y Adam Sandler. La película sigue a una estre...