
Para comenzar, creo que mi padre se hubiera entristecido el día de mi nacimiento. Él soñaba con un varón. Así que viviendo con su cariño en vez de su amor total, y con la aceptación de mi madre, mi abuelita me hubiera cuidado en piloto automático. Ella crió a hermanas, sobrinas y una hija. Nunca había criado a un muchachito y se moría por hacerlo.
Hubiera alucinado con las Barbies, con Ken, con los jueguitos de cocina; y hubiera terminado tan jodida como muchas. Ahora, en el colegio me habrían tratado de machota, porque hubiera jugado con mis compañeros fut, beis, basquet, tenta, cincos, trompo, yoyo… ¿Transformers también?
Las paredes de mi habitación habrían estado tapizadas de mis ídolos roqueros. De Bon Jovi, Axl, Joe Elliot… luego de Eddie, Kurt, Saúl y Bunbury… y años más tarde me hubieran gustado más chavitos.
Durante la universidad hubiera sido una de las mil clones de Alanis Morissette, vestida hippoide, tomando licor y fumando… ¿y qué putas?. Habría vivido mi super etapa de feminista a morir. “Muerte a los penes”, hubiera gritado con todas mis amigas feminoides. Eso sí, mi reputación sería terrible, porque hubiera tenido sexo hasta el cansanscio, con hombres y maquinitas de baterías sin parar. “Que rico es el sexo”, hubiera dicho en voz baja.
Y después de la U, me hubiera tranquilizado un poco y me habría encantado trabajar en lo que me gustara. Ser eso que dicen “una mujer independiente”. Eso sí, junto a una pareja amorosa y repetuosa, un mi príncipe azuloide… totalmente azul no, porque esos pisados no existen. Nos casaríamos antes que yo cumpliera los 30, así me daría tiempo a tener dos hijos, la parejita de varón y nena. Y viviríamos felices para siempre. Que emoción.
Ahora me doy cuenta que entre tantos “hubieran”…salvo algunos detalles y cambios de sexo, mi vida como mujer no sería muy diferente a la que llevo y deseo como hombre. ¿Quién iba a decirlo?





















