sábado, 7 de marzo de 2026


DiCaprio chifla, Teyana dispara y el mundo arde

El filme Una batalla tras otra es, en apariencia, un thriller político con aroma de misión de rescate. Nos cuenta acerca de un exrevolucionario que vuelve al ruedo para encontrar a su hija en un país convertido en territorio hostil. 


También es una de las películas más galardonadas de la temporada actual de premios a lo mejor del cine. Trofeos, aplausos y listas de lo mejor del año. Pero este filme es más que eso.



Es otra maravillosa obra del gran Paul Thomas Anderson, ese cineasta que convierte cada historia en una experiencia sensorial y emocional. Ese director que reta a su audiencia para que piense, analice y reflexione, mientras nos cuenta una gran historia. 


Los cinéfilos agradecemos que aún existan autores capaces de arriesgar, de incomodar y de recordarnos que el cine puede ser espectáculo y reflexión al mismo tiempo.


La película también es Leonardo DiCaprio en modo “misión rescate”, cayendo de un edificio, peleando con el call center de “la Revolución”, corriendo entre el caos y, de pronto, soltando un chiflido que parece salido de cualquier calle latinoamericana. Un héroe cansado, torpe y humano, más cercano al sobreviviente que al salvador.




El filme también es una feroz Teyana Taylor descargando un arsenal con una ametralladora, sonriente, poderosa, sin que su embarazo sea obstáculo sino símbolo de vida en medio de la destrucción. Una imagen tan absurda como liberadora.


Una batalla tras otra es Sean Penn en uno de sus mejores papeles: Hombros torcidos, mirada esquiva, avergonzado de sus propios deseos. Un villano que no necesita gritar para imponer miedo, con una presencia que cualquier universo de superhéroes envidiaría.


Y de la misma manera, esta película es Benicio del Toro en modo zen, caminando entre el caos como si flotara. En los momentos de mayor histeria colectiva, parece susurrarnos: “respira, respira”. Y uno quisiera que fuera más fácil lograrlo.




Pero también es un Estados Unidos convertido en estado policial, con detenciones masivas de inmigrantes, fuerzas militares fusionadas con la policía y nacionalismo autoritario en el poder. Y las preguntas quedan flotando en la sala: ¿Qué tan lejos de la realidad está eso? ¿Y cómo se aplica eso a nuestro país?


Al final, Una batalla tras otra no solo se ve, se siente y se piensa. Es cine que entretiene mientras nos mira de frente. Vale la pena buscarla, verla y terminar la experiencia con esa incómoda sensación de que la historia aún no termina. 


Puedes verla en HBO Max y de regreso en selectas salas de cine.


*Publicada en Revista Viernes del Diario de Centro América, el 06 de marzo de 2026.


Siempre he querido tomarme una fotografía en una butaca de sala de cine, comiendo poporopos y con lentes oscuros como viendo un filme en 3D....