
Como relaté en el anterior Metallicuento (sí, es un término pussy), lo que comenzó en 1989 con cuatro niños de 12 años, se llegó a multiplicar por decenas. En 1991 quien no tuviera el conocido como black álbum de Metallica… para qué jodidos. Todos lo teníamos, ya fuera traído de EEUU, versión centroamericana Dideca o grabado con fotocopia incluída del librito y las letras.
Cuando escribo “todos”, en verdad, es “todos”. Roqueros, raperos, fresas, salseros… nos había impresionado la canción de Enter Sandman, sabíamos de memoria la letra y cantábamos Sad but true, nos encantaba el vídeo de The Unforgiven aunque nadie lo entedió. Algunos hasta se hacían llamar así… en sus cartas firmaban como The Unforgiven… cool. Sabíamos los nombres de los cuatro integrantes mejor que las materias escolares. Soñábamos tener la actitud de James, tocar guitarra como Kirk, tener el pegue de Lars, vernos tan gruesos como Jason. También sabíamos la historia de Cliff… algo confundida, pero igual la comentábamos.
El mejor grupo de cheerleaders del colegio iniciaba su coreografía con Wherever I may roam, levantándose del suelo y girando la cabeza muy a lo Jason Newsted. En las kermeses no faltaban las playeras negras o chumpas con parches del grupo. Solo le empataba Guns N’ Roses.
Por ser colegio católico, los hermanos que nos predicaban insistían que esa música no era positiva, inclusive uno se animó a decir que era diabólica... más nos gustó escuchar el disco esa tarde.
E inclusive, se manejaba el rumor que tal vez ese año Metallica vendría a dar un concierto a Guatemala, en el Estadio Mateo Flores. (Sí, ha sido una laaarga espera).
Con Jorge nos gustaba mucho la canción My friend of misery… esa letra y ese bajo era impresionante. Y con Mauricio escuchamos como cien veces Nothing else matters en la tranquilidad de su casa intentando pasar los 14 años de edad sin tanto vergueo. No es una canción romántica, pero para dos adolescentes ese año, era perfecta para el mal de amores y la soledad. Un año después, Metallica y GN’R serían relevados por Nirvana y Pearl Jam como nuestros gurús. Nada mal el cambio, ¿eh?






